PALABRAS DE ABEL RODRIGUEZ EN SEPELIO DE LUIS FELIPE VELEZ*

Presidente de ADIDA

En un solo día, el 25 de agosto, ante el mismo umbral, el marcado con el número 42-56 de la calle 57, que da paso a la casa de los maestros de Antioquia, cayeron tres de los nuestros. Tres amigos y compañeros, que ese martes de los mensajeros de la muerte, como todos los días, habían comulgado con la esperanza, con nuestra esperanza. Cayeron LUIS FELIPE VELEZ HERRERA, HECTOR ABAD GOMEZ Y LEONARDO BETANCUR TABORDA. Los tres querían llegar a su casa común; FELIPE para iniciar sus labores cotidianas, las de un dirigente que madruga temprano a luchar por los suyos; HECTOR y LEONARDO para llorar la muerte del presidente gremial abatido. ¡Permítanme soñar! Si FELIPE hubiese estado vivo esta tarde, tal vez HECTOR y LEONARDO no habrían llegado. O quizá hubiesen llegado, para hablar de la vida a la que amaban infinitamente y por la cual lucharon tantas veces, para invitarse a las peñas artístico –culturales que FELIPE solía programar para encontrarse con su juventud, para polemizar amigablemente acerca del consenso democrático que Colombia necesita para hacer retroceder la barbarie que la azota sin piedad. También, con seguridad, se hubiesen ocupado de las grandes posibilidades democráticas que ellos avizoraban con la elección popular de los alcaldes. Después de todo, FELIPE y HECTOR ya habían sido candidatos por sus copartidarios para aspirar a la alcaldía de su martirizada ciudad, Medellín.

Ayer en este mismo lugar despedimos a dos de los partícipes en este nuestro maravilloso sueño. Hoy hacemos lo mismo contigo, FELIPE. Esta es la dura realidad. Ayer no más te teníamos en el Parque de Berrío, proclamando la vida, denunciando la muerte, exigiendo castigo; lo hacías en nombre de los trabajadores unidos en la CUT, central que ayudaste a construir para bien de la democracia, la justicia y la libertad. Ayer no más te teníamos en Bogotá, como siempre jovial y sencillo, participando en el Congreso Pedagógico Nacional, bregando porque el magisterio colombiano proclamara que sin respeto por las ideas, la vida y los derechos humanos, las transformaciones democráticas y la paz continuarían siendo lejanas. Ratificando tu compromiso con la niñez y la juventud, con la educación pública, con la inteligencia y el saber, virtudes de las cuales fuiste un militante activo y esmerado. Como no recordar tus enjundiosos estudios, tu preocupación razonada y tu incesante lucha, por la solución del agobiante problema prestacional del magisterio.

Te despedimos FELIPE, afligidos e indignados. Pero nos dejas un inmenso recuerdo, un recuerdo cargado de enseñanzas virtuosas y sentimientos superiores. Tu buen juicio; tu diplomacia abierta, característica fundamental de todo líder entrañable; tu ecuanimidad; tu habilidad en la negociación y nobleza en el acuerdo; tu humildad y dedicación; y por sobre todo, tu espíritu solidario, tu infinito amor por quienes hoy te devolvemos a la tierra. Antes de que te vayas, quisiéramos que nos ayudaras a reflexionar sobre el suceso tremendo de tu muerte: por qué ocurrió? Reconozcamos en primera instancia, que como suele suceder en toda circunstancia difícil y dolorosa, una gran confusión nos abraza, con la intención de someternos. Tenemos miedo, Felipe, es verdad. Pero la potencia de tus ideales que son los nuestros, habrá de mantenernos, como ha ocurrido históricamente por el camino de la inteligencia y la razón, contra las que nunca podrá la fuerza bruta ni la muerte.

Nuestro amor por la vida es tan inmenso que la impotencia del Estado frente al crimen, que la ineficacia del gobierno y la justicia para castigarlo, no nos precipitarán al abismo. Tanto ese Estado de derecho incapaz y desmoronado, como ese paralelo que vienen organizando los mensajeros de la muerte, habrán de ser reemplazados. Entonces, la vida no será una pesadilla sino un canto de amor y alegría. Compañeros maestros: El dolor no puede confundirnos, la muerte de FELIPE no puede arredrarnos.

Ante su cuerpo exánime, hagamos una ratificación de nuestros compromisos. El desplegó su lucha en el campo de la actividad pública democrática; en la enseñanza, en la lucha sindical, en la defensa de los derechos humanos, en la participación ciudadana. Este es un campo plagado de obstáculos y sacrificios, pero ese es nuestro campo. Sigamos allí bregando por el triunfo de la inteligencia, porque la eliminación del otro no se convierta en el método inevitable para superar las contradicciones, formando a nuestros jóvenes para que rechacen la metralla asesina. Adiós FELIPE, tú te vas al mundo del recuerdo, nosotros seguimos en tu esperanza, la vida.
AGOSTO DE 1987

*Abel Rodríguez Cespedes:

Nacido en Piedras (Tolima). En 1965 se graduó de la Normal Nacional de Varones de Ibagué (Tolima), en 1966 ejerció como docente en una escuela ubicada en una vereda del departamento del Huila. Para 1969 se radicó en Bogotá, y fue maestro en el barrio San Pablo. Fue presidente de la Asociación Distrital de Educadores (ADE), al mismo tiempo que estudiaba Licenciatura en español y Literatura en la Universidad Pedagógica Nacional.

En 1979 como dirigente sindical logró la promulgación del Estatuto docente. Participó en la creación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en 1986, y lideró el Movimiento Pedagógico Nacional que abrió el camino a la Ley General de Educación en 1994.​ Fue presidente de la Federación Colombiana de Educadores (Fecode) y concejal de Bogotá en el periodo 1988-1990.​

Electo como miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, por la Alianza Democrática M-19.​ En 1995 fue designado gerente del primer Plan Decenal de Educación y luego viceministro de Educación. Fue secretario de Educación de Bogotá entre 2004 y 2008.​ La Universidad Pedagógica Nacional le otorgó un título Honoris Causa, por sus aportes a la educación de Colombia.​

Falleció el 20 de agosto de 2020 por Covid-19.

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